
Como una hoja. Arrastrada por el viento en cualquier dirección. Rehén de fuerzas que desconoce. Esclava sin voluntad. Así me siento yo.
Como una hoja. Sujeta a remolinos y corrientes. Marioneta de fuerzas malévolas sin sentido. Presa en una red de lógica irracional. Así me siento yo.
Y qué fácil era todo cuando era simplemente un brote minúsculo. Un después previsible, un antes comprensible. Una realidad amable que se dejaba acariciar.
¿En qué momento? ¿Cuándo cambió? ¿Cuándo se convirtió en un ser monstruoso, retorcido? Pierde su verdor y el mundo se vuelve gris. Soledad, asfixiante soledad.
Y reposar entre desechos. Sumirse en la oscuridad, abrazar un humus en descomposición. No hay sol, no hay ya calor. Sólo un silencio atroz.
La humedad constante, el frío nocturno. Días sin orden unos detrás de otros. Iguales. Terribles. Y mi cuerpo se transforma en un caparazón. Hueco, vacío.
Pero aún me aguarda lo peor. El viento y la desesperación. La macabra danza al son de una canción absurda, inaudible. Volar sin alas, sin alma.
Y así transcurren mis días. Así se desgarra mi razón. Sometida al capricho de unos dioses dementes. Atrapada en un juego sin juez, sin reglas. Sin final.
Como una hoja. Arrastrado por mi mente en cualquier dirección. Esclavo sin voluntad. Así soy yo.

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1 comentarios:
Acaso es necesario sentirse solo cuando el sufrimiento es aún más insoportable con gente alrededor. A veces no reconforta la comprensión, no alivian los abrazos y las palabras que te puedan decir se diluyen en el viento. La impotencia, lo incomprensible, ensombrece nuestra razón, nos envuelve en la tristeza como una segunda piel y sólo tienes ganas de no sentir nada.
Pero por más que los días son terribles, iguales y desordenados, hay sol, y hay calor, y una luz distinta. Hay brillo en las palabras que escribes con primor, y esa hoja no la mece el viento sino la emoción… y emoción es estar vivo, con una encrucijada a cuestas pero vivo, con la responsabilidad de ser fuerte pero vivo.
El sol, como el viento, también nos llega desde cualquier dirección. Una hoja puede estar al pairo del viento, o engarzada a una rama, pero no olvides nunca su volatilidad, su flexibilidad, la belleza de su autenticidad... la grandeza de ser una hoja.
Un abrazo cálido y próximo.
Mensaje en una botella
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